domingo, 23 de mayo de 2021

NOVILLADA DEL 17 DE MAYO DE 2021


 NOVILLADA EN VISTALEGRE

FERIA DE SAN ISIDRO

17 de mayo de 2021

Desde el 20 de mayo de 2019, Cabestro de Grana y Oro no pisaba un coso taurino. El coronavirus impidió la Feria de San Isidro de 2020 —en mayo del año pasado la cosa estaba muy mal— y hemos tenido que esperar al 2021 para disfrutar de una novillada. Cabestro de Grana y Oro siempre está con las figuras emergentes.

Este año la Feria de San Isidro se celebra en el coso de Vistalegre, en el popular barrio de Carabanchel. Pudimos acudir cuatro aficionados pepineros: Dimas Peláez Navero, Enrique Parejo Ostos, Antonio Morales López-Reina y el Cronista. Otros amigos no pudieron venir por distintos motivos justificados.

Para guardar las normas de seguridad sanitarias, fuimos en dos coches. Dimas, que se conoce Madrid y sus barrios como la palma de la mano, aparcó a diez minutos de la plaza, donde pudimos adquirir las entradas en las taquillas sin dificultad. Es la primera vez que el Cronista estaba en la plaza de Vistalegre en los tiempos modernos, después de su reforma. De niño iba con sus padres a ver corridas, y posiblemente sea uno de los motivos de su afición: algo se le quedó prendido en la amígdala o en el subconsciente para que le gusten tanto los toros.

Compramos unas entradas “altitas”: tendido 13, fila 26. Se veía bien el ruedo, aunque, en honor a la verdad, un poco más abajo se vería mejor, pero hay que mirar la peseta o el euro, que no está el patio para tirar cohetes a lo loco. Las entradas son más caras que en Las Ventas, pero tengamos en cuenta que el aforo está limitado a 6.000 entradas, de las cuales se ocuparon algo más de 1.000 este lunes de mayo.

¿Echamos de menos Las Ventas? La verdad es que sí. Más adelante, daré algunos detalles. Ahora bien, como dice el maestro Morales, mejor es ver una corrida en Vistalegre que nada. ¡Y cuánta razón tiene!

Con el pasodoble del paseíllo, el Cronista reconoce que se emocionó y que una lágrima furtiva le corrió por la mejilla. La fiesta de los toros, si algo tiene, es que conmueve al aficionado.

Con mucho, de largo, es la mejor novillada que ha visto Cabestro de Grana y Oro en su vida. ¡Cinco orejas como cinco soles, todas merecidas! Los novilleros se portaron y los toros de El Freixo, que es la ganadería del diestro Julián López el Juli, dieron la talla. Los novillos-toros rondaron todos ellos los 470 kg, para ser más exactos, entre 425 y 487 kg: bien presentados, con fuerza, con trapío y una embestida de calidad.

Antonio Grande (grana y oro; salmantino) lidió el primero y el cuarto de la tarde. Por desgracia, tuvo que lidiar el sexto por la grave cogida que sufrió Manuel Perera (mostaza y oro; extremeño) en el primero de su lote, que fue el tercero. Grande cortó una oreja merecidísima en el que abría plaza. En el cuarto y en el sexto hizo faenas muy meritorias, con toros más complicados, y se llevó en ambos una sentida ovación del público.

Como digo, Manuel Perera sufrió una gravísima cogida al entrar al matar al tercero. Lo recibió en toriles de pie, con el capote a la espalda: lance valiente, pero poco lucido. Luego lo toreó bien de capote y de muleta, arriesgando sin necesidad en muchas ocasiones. Según el maestro Morales, Perera estaba en modo novillero, dándolo todo. Pero, en opinión del maestro Parejo y del Cronista, el torero temerario es más parecido a un gladiador que a un torero. Al torero se le supone la valentía, cómo no, pero no puede salir al ruedo a que le cornee el toro. Si le coge por la circunstancia que sea, el accidente nos sobrecogerá y engrandecerá su arte. Ahora bien, cuando aposta el torero tiene al público asistente acongojado, el arte de Cúchares pierde puntos. En cualquier caso, la cogida sucedió cuando Perera entró a matar. El estoconazo fue excepcional, pero entró tan de verdad que el toro, herido de muerte, lo trincó y no lo mató de milagro. El público asistente mascó la tragedia, y tragedia hubo, aunque las manos del Dr. Enrique Crespo Rubio, cirujano de la plaza, evitaron que fuera fatal. Se le concedió a Perera una merecida oreja. Pienso que la segunda era excesiva y la presidencia, con buen criterio, a pesar de la petición, no la concedió.

El parte del Dr. Enrique Crespo Rubio, emitido a las 22:35 h, rezaba: «Herida por cuerno de toro en fosa iliaca izquierda con un trayecto ascendente y hacia fuera de unos 30 cm que desgarra musculatura de la pared abdominal; otro trayecto hacia arriba y adentro que penetra en cavidad peritoneal con evisceración de asas intestinales y arrancamiento de epiplón alcanzando una extensión de 40 cm. Bajo anestesia general, se interviene quirúrgicamente. Se traslada al Hospital de Nuestra Señora del Rosario. Pronóstico: muy grave». Espeluznante. Vamos, que el toro lo destripó, y gracias a que no le atravesó ninguna vena o arteria principal, según el testimonio de Juan José Padilla, su apoderado, porque Perera no lo hubiera contado. En el momento de escribir esta crónica, Perera ha abandonado la UCI y está en planta. Deseamos que se recupere bien, sin complicaciones asociadas, y que pronto esté de nuevo toreando. ¡Ánimo, Manuel!

Lo mejor de la tarde estuvo en la muleta del talaverano Tomás Rufo. ¡Qué torero! En el segundo, cortó una oreja, a la que no hay que poner ninguna objeción. Pero donde Rufo dio el do de pecho fue en el quinto. Se cumplió el dicho de No hay quinto malo, porque el novillo era excelente. Se le hicieron las cosas bien. La brega fue impecable, menos la entrada al caballo —ninguna fue buena en toda la tarde, se picó de aquella manera—, y hubo un par de banderillas de antología, por lo que tuvo que desmonterarse el banderillero, agradeciendo la ovación del público.

—Maestro Morales, ¿cuál es el pitón bueno?

—El derecho. Con el derecho entrará como la seda a la muleta.

El maestro Morales podría apodarse el Brujo, porque las tandas de derechazos fueron fascinantes, clásicas, lentas, magníficas, de embrujo. Al natural, Rufo toreó también maravillosamente, pero sin abusar. Las dos orejas estaban en el cuerno derecho.

—Si mata bien, dos orejas —vaticinó el maestro Morales.

Y, efectivamente, la estocada fue perfecta. El toro rodó sin puntilla. Y la plaza se vino abajo, inundada de pañuelos blancos que pedían los apéndices del astado. El presidente no se hizo rogar, cosa que se agradece, y le otorgó los dos trofeos a Rufo, que dio la vuelta al ruedo compartiendo su éxito con el respetable. Si sigue así, Rufo será una figura del toreo. Tiempo al tiempo.

A los madrileños nos gustan Las Ventas. Este San Isidro en Vistalegre nos parece extraño. Desgrano algunos detalles:

—Los caballos de los alguacilillos eran marrones. En San Isidro, por Dios, tienen que ser blancos.

—La banda tocó durante la faena de muleta. ¡Mal! Distrajeron al aficionado y deslucieron la faena de los toreros. La banda que toque en el paseíllo y en los intermedios, pero ¡durante la faena, no! No obstante, hay que reconocer que los músicos eran buenísimos, pero fuimos a una corrida de toros, no al Auditorio Nacional.

—Los empleados de la plaza, en concreto, barrenderos del ruedo y portador del cartel anunciador de cada toro, iban vestidos como en los sanfermines y con deportivas de Nike. Por favor, ese azul oscuro, ese rojo, esas alpargatas impolutas…, ¿dónde estaban?

—Vistalegre está cubierta, por lo que el factor viento se elimina de la fiesta nacional, en la que no pueden faltar el sol, las moscas y, por supuesto, el “puñetero” viento.

Si este año no ha sido posible abrir el coso de Las Ventas —a lo que no vemos mucho sentido, ni siquiera pensando en las medidas de seguridad imprescindibles a causa de la COVID-19—, mantengamos las sanas y estéticas costumbres de la mejor plaza de toros del mundo. El maestro Morales, el maestro Parejo y el mismo Dimas Peláez son de esta opinión. Esperemos que el año que viene estemos desafiando la insolación en el Tendido 5 de Las Ventas. Señal será de que la situación sanitaria habrá mejorado. Dios lo quiera.

Rematamos la tarde torera tomando unas cervezas en el chiringuito de La Chopera (Leganés). Nos supieron a gloria bendita, mientras comentábamos los detalles de la novillada y saboreábamos una ración de chopitos y unos montados andaluces y asturianos.

La noche pepinera era apacible, unánime y serena. El Cronista volvió a su hogar paseando despacio, visualizando momentos de la corrida y respirando profundamente. ¡Una tarde perfecta! ¡Viva Cabestro de Grana y Oro!

Carlos Cuadrado Gómez

Cronista de la Agrupación

Cabestro de Grana y Oro

1 comentario:

  1. Muy buena crónica, casi se vive la corrida en directo. Y de acuerdo con lo que se dice sobre las cuestiones formales; no hay que perder las buenas costumbres de Las Ventas. ¡Olé la fiesta taurina! Y que nos dure. Un abrazo.

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