TERTULIA TAURINA 2016
26 DE FEBRERO DE
2016
Café-restaurante Élite II (Leganés)
Tres suelen ser los diestros del
cartel de una corrida de toros. Son excepciones las corridas de un solo matador
o de más de tres. Lo del tres, que es un número con mucho predicamento, viene a
que este es el Tercer encuentro taurino de la federación Cabestro de
grana y oro, perteneciente al club de atletismo y cultural El Burro
Veloz. El director de lidia de estos encuentros es don Dimas Peláez Navero,
que ejerce su función con esmero, pendiente de que el acto se desarrolle
correctamente y dentro de los cánones de la buena educación y la tolerancia.
La afluencia de participantes ha
sido superior a la del año pasado. El Cronista contó veintitrés, entre mujeres,
hombres y niños, particulares y representantes de distintas agrupaciones (Burro
Veloz, Enamoraos sin fronteras, Cabestro de grana y oro, Peña del Banderín).
Don Dimas abrió el acto con una
grata introducción y recordando a los asistentes las normas por las que nos
íbamos a regir, especialmente en los turnos de palabra, réplicas y
contrarréplicas. Y dio paso a los ponentes.
Las primera ponencia estuvo a
cargo de don Juan Areste Horcajo, que hizo una larga disertación sobre la Real
Maestranza de Sevilla: historia, edificio, actividades y anécdotas destacadas.
El respetable escuchó con la boca abierta las palabras de este sevillano de
adopción, que trasuda sevillismo por los cuatro costados. La información se
entreveró con su entusiasmo y su amor a la ciudad de la Torre del Oro. Cerrada
ovación.
Después don Rafael Román Medina
nos habló del caballo y el toro, de ese maridaje necesario para ambos animales,
en el que siempre entra un tercero, que es el ser humano. En el campo, el
caballo no es un lujo, sino un compañero imprescindible para las tareas de la
agricultura y la ganadería. Don Rafael nos contó algunas anécdotas personales
de su niñez: del hermoso caballo del que disfrutó siendo adolescente y de las
diferencias que hay entre ir en burro o ir a caballo. Cerrada ovación.
Don Carlos Cuadrado Gómez abordó
la segunda parte de “La copla y el toro”. Hizo mención de cuatro hitos de la
canción de los últimos tiempos: Isabel Pantoja y su Marinero de luces,
compuesto por el inigualable José Luis Perales tras la muerte de Paquirri en
Pozoblanco; el Fary y su Torito bravo; Rocío Jurado, la más grande, con
su copla La mujer del torero; y,
cómo no, Manolo Escobar y su Minifalda. Ovación.
Por último, Antonio Morales
López-Reina dedicó unos minutos muy sabrosos al recorrido que hace el toro del
campo a la plaza. Es algo muy complicado y peligroso, que requiere gran pericia
y valor en los que hacen el embarque de los toros que se lidiarán en alguna de
las plazas de la Piel de Toro. Además nos explicó cómo se hace el sorteo de los
toros antes de la corrida, entre el mayoral y los banderilleros de los
matadores. Don Antonio es un sabio en esta materia, pues, según tiene entendido el Cronista, es el único de los presentes que ha tocado pelo. Cerrada ovación.
Mientras tanto, los asistentes
degustaban unas ricas raciones de jamón, queso, patatas bravas, patatas alioli,
orejas, lacón y calamares, regadas con rica cerveza y vinos de exquisito buqué,
tintos y blancos.
A continuación, don Dimas dio la
palabra a todos los asistentes que, uno a uno, opinó libremente sobre
la fiesta de los toros o sobre lo que quiso. Y comenzó el temple de guitarra,
con los tocaores Ángel el Peli y Carlos el Maestro. Tantas fueron las canciones
que se cantaron y se tocaron que El Cronista perdió la cuenta. Pudimos escuchar
Clavelitos, El himno de los enamoraos, rumbas de todo tipo, pasodobles, sevillanas
en tono mayor y el tono menor, alguna bulería, algún fandango, El emigrante,
Atención amigo conductor, Soy minero, El vino que tiene Asunción, Por el puente
de Aranda y un largo etcétera.
Como tiempo ni hora no se
atan con la soga, la fiesta, pasada la una y media de la noche, terminó.
Salimos a la calle con ganas de volvernos a ver pronto y felices de haber
pasado un rato muy agradable con amigos antiguos y nuevos. Y, ya se sabe,
hechas las despedidas, cada mochuelo a su olivo, es decir, cada uno a su
casa, a recogerse y a ponerse en brazos de Morfeo, que no son malos brazos.
Amigos, la Feria de San Isidro
está a la vuelta de la esquina. Allí nos veremos.
Un
saludo.
Carlos
Cuadrado Gómez
Cronista de la agrupación
Cabestro de grana y oro