CRÓNICA TAURINA
NOVILLADA DEL 25 DE
MAYO DE 2015
PLAZA DE LAS VENTAS
El pasado lunes, 25 de mayo de
2015, Cabestro de grana y oro asistió a una novillada con picadores en
la feria de San Isidro, como viene siendo tradición desde hace algunos años. En
esta ocasión acudimos: Dimas, Fernando, Luis, Enrique, el Peli, Nano, Antonio y
Carlos. Compramos unas entradas muy buenas de sol en el tendido bajo 6, fila
12.ª, muy cerca que los del tendido 7. Los novillos eran de las ganaderías de El
Montecillo y de Dolores Rufino Martín, todos rozaban los cinco años.
A las siete en punto sonaron los
clarines y comenzó el paseíllo, al son del pasodoble España Cañí. Al
finalizar el paseíllo, se guardó un minuto de silencio por don Agapito
Fernández Bejarano, matador de toros, recientemente fallecido en Salamanca, a
la edad de setenta y un años. La climatología es ideal para el toreo, sol y
ausencia de aire. La plaza registra una entrada de más de tres cuartos.
El cronista, es decir, un
servidor, se sentó entre Enrique y Antonio, expertos taurinos, para recoger sus
comentarios. Pero Enrique enseguida se vio en la obligación de explicar el arte
y la liturgia del toreo a dos jóvenes polacas que se sentaron a nuestro lado.
Por lo tanto, sólo he contado con la asesoría de don Antonio Morales
López-Reina, que en su mocedad toreó novillos a capote y que es un asiduo
corredor de encierros. Hecha esta aclaración, procederé a comentar cada fase
del espectáculo taurino que, ya anticipo, nunca aburrió y tuvo al público en
vilo, con las emociones a flor de piel. Los comentarios de don Antonio van en letra
cursiva: fueron numerosos y de gran sabiduría. La crónica será técnica y
extensa.
Primer novillo:
Cuartillero, castaño listón, 502
kilos. Novillero: Martín Escudero, nacido en Alemania, pero criado en
Galapagar. Es sobrino-nieto de Victorino Martín.
A. M.: Estos novillos pasan
por toros en cualquier plaza de 2.ª o de 3.ª.
Cuartillero sale parado, tiene
poca fijeza. A Martín Escudero se le engancha el capote, lo cual desluce mucho.
Falla la brega. El primer puyazo se lo dan en los terrenos del 10 y el segundo
parece una inyección; el tercero se lo dan en el terreno de los toriles, y el
picador se ceba sin motivo ni razón.
A. M.: ¡Qué desastre de
lidia!
Banderillas: los pares 1.º y
3.º, aseaos; el 2.º, pasable.
A. M.: Martín no liga, le
engancha el toro, no se luce.
El miedo se le huele desde donde
estamos nosotros. Así no se puede torear, porque con miedo hay muchas dudas y
el peligro es mayor. Y, efectivamente, el novillo coge a Martín Escudero, que
cae mal, con el cuello doblado, y, del golpe en la cabeza, se queda
inconsciente. Se veía venir, es una pena. Por la prensa “seria” sabemos que lo
trasladaron a la clínica San Francisco para atenderlo. Ojalá no sea nada.
Por turno, a Francisco José
Espada le toca matarlo. Lo consigue al tercer intento y luego tiene que emplear
el verduguillo.
Nos quedamos sin un torero.
Segundo novillo:
Manijero, castaño listón, 501
kilos. Novillero: Francisco José Espada, natural de Fuenlabrada. Se puso
delante de una becerra con ocho años, ¡casi na!
Encienden un puro Farias el Peli
y don Carlos, y lo empiezan a fumar muy despacio y con mucho gusto. Don Carlos
les ofrece un puro a dos argentinos, hijo y padre, que ven por primera vez una
corrida. Declinan la invitación.
Espada recibe a Manijero a porta
gayola. Manijero sale parado.
A. M.: ¡Chico, levántate que
te va a matar! ¡Vamos!
Espada aguanta el tipo y
consigue completar la porta gayola con mucha dignidad. Luego le da unas
verónicas muy buenas rematadas con revolera muy sabrosa.
El primer puyazo, muy trasero.
A. M.: Luego no humillará el
toro. Aunque yo tengo mucho respeto a esta gente, ¿dónde les enseñan a picar?
El segundo puyazo se clava en la
paletilla, el picador rectifica y le mete mucha tralla a Manijero.
A. M.: ¡Ya está picao, no
sigas, animal!
Son muy buenos los pares de
banderillas por el pitón derecho.
Comienza la faena de muleta.
Espada está muy bien, buscando los terrenos adecuados.
A. M.: Muy bien este chico,
está en plan novillero, con ganas.
Termina con unas manoletinas
antes de entrar a matar. Entra de verdad, con todas las ganas. La estocada es
entera, pero un poco tendida. Da tres descabellos, lástima. Ovación y saludo
desde el tercio.
—¿Qué te ha parecido, Antonio?
¿Cuál sería tu comentario, maestro?
A. M.: Ha toreao bien, en
plan novillero, valiente. Ha resuelto la faena con naturalidad.
—Totalmente de acuerdo. Gracias,
maestro.
Tercer novillo:
Perezoso, castaño, 500 kilos.
Novillero: Joaquín Galdós, peruano, natural de Lima, hijo del matador Alfredo
Galdós, que es el actual propietario de la ganadería Santa Rosa de Lima.
Perezoso tiene más peligro que
un mono con dos pistolas. Desarma a Galdós en el tercer capotazo, lo trinca y
lo voltea como a un trapo. Galdós queda inconsciente a merced del morlaco.
A. M.: ¡Le ha roto el cuello!
Se lo llevan a la enfermería con
el aspecto de estar más muerto que la mamá de Bambi. También por la prensa
“seria” sabemos que lo trasladaron a la clínica San Francisco para atenderlo.
Dicen que tiene un traumatismo serio, pero que de esta sale. ¡Suerte, Joaquín,
que puedas torear muchas más tardes!
Queda solo ante el peligro
Francisco José Espada, que se va a chupar los seis novillos como un campeón.
El primer puyazo se lo dan en el
culo. ¡Siempre la misma cantinela! ¿Cómo no se van a estropear los toros con
estas bregas!
En las banderillas Perezoso aprieta
por el pitón derecho.
Comienza la faena de muleta.
A. M.: ¡Cuidao por el pitón
derecho! ¡Pásate ya a los naturales, Espada!
Espada se da cuenta y hace casi
toda la faena de muleta al natural.
Pero el bicho tiene mucho
peligro, cuanto antes se lo lleven arrastrando las mulillas, mejor. Espada lo
va entendiendo y se lo va llevando a las tablas a medida que avanza la faena.
Grita un listo:
—¡Que vea tabla!
—¡Toréalo tú! —le responden.
En la primera estocada, se dobla
el acero. La segunda se la mete hasta dentro, pero un poco atravesada. Da
igual, Perezoso cae redondo.
A. M.: Lo mejor que podía
haber hecho. Hemos descansado.
En estos momentos los dos
argentinos abandonan la plaza. Pensamos que van a tomarse un pelotazo y que
volverán, pero no regresan. Antes nos había preguntado el padre: «Ustedes
parecen críticos taurinos. ¿Cuántos toros se torean?». «Seis». «Gracias,
señores». Enrique sigue con su curso acelerado de tauromaquia a las dos
polacas. Es un gran conversador, ¿quién lo duda?
Cuarto novillo:
Cocodrilo, colorado, 530 kilos.
Espada se dirige al toril. La
segunda porta gayola.
A. M.: Este chaval tiene dos
cojones.
Y los tiene. El maestro Morales
no se equivoca, sabe lo que ve.
Espada torea muy bien de capote.
Cocodrilo es un atleta con ganas
de saltar la barrera. Es un manso con mucho entrenamiento. El primer intento lo
hace debajo de nosotros, en el tendido 6. Lo consigue en el segundo intento y
deja el callejón más limpio que una patena. Y todavía lo intenta una vez más.
Dimas, que es experto en seguridad, se sube unas gradas más arriba cuando ve
los saltos del animal: es la reacción instintiva de alguien que sabe lo que se
hace cuando una situación se pone tensa. Y ya no baja de allí en lo que resta
de novillada.
El picador está fabuloso.
A. M.: Lo está picando bien,
cerrándolo, que es lo que hay que hacer con este toro. Bravo por el picador.
Mira qué bien maneja el caballo.
Según el maestro Morales le
habría hecho falta un puyazo más.
El tercio de banderillas se pone
muy peligroso. Hay un subalterno, del que hablaremos más adelante, que es más
malo que la carne de pescuezo, no se coloca bien y pone en peligro al resto de
la cuadrilla. Cocodrilo hace hilo con los banderilleros. Uno salva la vida
gracias a un quite del otro banderillero a cuerpo descubierto. Las Ventas se lo
reconoce con una ovación.
Espada está fabuloso con la muleta,
ligando los pases con mucho gusto y torería. Lo mejor son los naturales.
Mata a la segunda, pero el toro
cae sin puntilla.
A. M.: Ha sacado faena a un
toro peligroso que no tenía nada.
—Maestro, sacamos el pañuelo
blanco.
A. M.: Por supuesto, es un novillero
y merece la oreja. Ha tenido valor y técnica el muchacho.
La petición es mayoritaria y el
presidente, que se hace de rogar más que un camarero cuando le pides un vaso de
agua, concede la oreja.
Enrique explica a sus alumnas el
sentido y valor de una oreja y el procedimiento que se sigue para concederla.
Ellas se lo creen todo, aunque algunas explicaciones del profesor parecen más
imaginativas que técnicas. Pero no nos metamos donde no nos importa.
Quinto novillo:
Narrador, negro, 538 kilos.
—Hasta el momento de matar, ¿qué
tal, maestro Morales?
A. M.: ¡To bueno! El picador
excelente y Espada fenomenal con la muleta.
—Maestro, el subalterno de
tabaco y azabache me parece un peligro. ¿Ha visto cómo le daba la espalda al
toro?
A. M.: Se llama Raúl Adrada.
Con las banderillas, cuando le ha tocado, ha estado aseao, pero el resto mal,
mala la colocación y malo cada detalle de la lidia. Una pena. ¡Por algo no
llegó a matador! Está claro, ¿no?
—Por supuesto, maestro. ¿Y qué
me dice del de azul y azabache? Porque ese me está gustando, y veo que usted
conoce la vida y milagros de todos.
A. M.: Ese es el Pirri, el
mejor subalterno que hay en la plaza. Ha clavado la lidia cuando le ha tocado y
esta tarde ha salvado la vida a más de uno. Lleva muchos años en esto y cada
vez lo hace mejor.
Espada entra a matar a corazón
abierto y mete el estoque hasta la bola. Pero la espada queda un poco caída. A
pesar de ello, la petición de oreja es mayoritaria, la gente está con Espada,
incluso los del 7, que la piden con ardor. Pues al señor presidente, don
Trinidad López-Pastor, no le sale de sus compañones darle la oreja, y no se la
da. Recuerdo que la primera oreja la concede el público. ¡Esto es un robo!
Espada da la vuelta al ruedo, y,
cuando acaba, el presidente se lleva una segunda bronca como yo no he oído en
mi vida. Todavía le resonará en los oídos. ¡Fuera!, gritaba al unísono el
respetable. ¿No se le caerá la cara de vergüenza al menda, por llamarle de
alguna manera?
Enrique comenta las
circunstancias y la reacción del público a sus alumnas.
Sexto novillo:
Meloco, castaño listón, bociblanco,
465 kilos. El novillo es precioso, bien hecho, proporcionado, con trapío, con
un galope muy bello.
A. M.: La gente ya está con
él, Francisco nos tiene metidos en el bolsillo.
Espada le recibe con unos
capotazos de postal. Borda las verónicas, que lucen mucho con el galope del
toro, que tiene una embestida muy buena. Gran ovación.
En la primera entrada al
caballo, se choca. Malo para el toro. Al salir, por culpa del Ruano, el toro
clava los cuernos y da una voltereta.
A. M.: Eso es malísimo para
el toro, esperemos que no se haya desgraciao. Se hacen polvo los riñones y les
afecta para el resto de la faena.
—Me parece a mí que el de rosa
es peor todavía que Adrada.
A. M.: Es el peor que hay en
la plaza. Se llama Ruano. Malo, malo.
En el segundo puyazo, el picador
sólo marca.
El tercio de banderillas es muy
lucido gracias al galope del toro. El tercer par es el mejor de toda la tarde.
El banderillero se para, se muestra —gustándose, dice el maestro
Morales— y lo pone según los cánones. Las Ventas lo ovaciona y Espada le da
permiso para saludar, pero humildemente el banderillero opta por no hacerlo y
seguir con su brega como si tal cosa. ¡Bravo, muchacho!
Espada se dirige a la entrada de
la enfermería y brinda el toro al doctor García Padrós. Sonoro aplauso.
A. M.: Domina la tarde, este
chico tiene escuela.
Primera tanda de derechazos: el
toro se arranca de lejos y luego humilla de maravilla.
Segunda tanda: fabulosa.
La tanda de naturales: floja.
Vuelve a la derecha. Espada se
descoloca, pero resuelve con soltura. Ovación. Inmediatamente recibe un palazo
y un revolcón sin consecuencias. «Un barrido», nos dice Enrique, que por unos
momentos deja la cátedra para extranjeras y se acuerda de nosotros.
Entra a matar. Lástima, la
espada queda muy caída.
A. M.: Más de una cuarta. Un
bajonazo. Ya ha perdido la oreja, porque, por la ley de la compensación, a poco
que hubiera estado bien en este toro, le habrían dado la oreja. Adiós a la puerta
grande.
Entra por segunda vez y entra
menos de medio estoque. Espada se ha descompuesto. Le da más de cinco
descabellos. Él sabe que ha perdido el premio.
Cuando cae el toro, gran
ovación.
A. M.: No se le puede pedir
más a la tarde. Que siempre sea así.
—¡Amén, maestro!
Enrique se despide de sus
alumnas y los ocho nos vamos al Rincón de Jaén.
*
Cabestro de grana y oro llega
feliz al Rincón, toma posiciones y disfruta de las raciones y de las botellas
de manzanilla (pierdo la cuenta de cuántas caen). Cantamos cantes españoles y
taurinos, con unas letras que Dimas, que está en todo, ha traído en una
carpetilla roja. Los camareros y los clientes se ponen muy contentos, y
nosotros nos lo pasamos como enanos. Dimas controla la hora del último tren y
avisa del momento de irnos. Nos despiden con un sonoro aplauso. ¡Viva la buena
gente!, gritan algunos al vernos partir.
En el metro también le damos al
cante. He preguntado y me dicen que en el tren no atacamos ninguna copla, pero
yo tengo la sensación de estar cantando hasta bajarnos en Leganés. Antes de separarnos,
quedamos en ir a alguna corrida de la Feria de Otoño.
¡Viva Cabestro de grana y oro!
¡Viva!
Carlos Cuadrado
Gómez
Cronista del la agrupación
Cabestro de grana y oro