lunes, 9 de mayo de 2016

Crónica de la novillada del 9 de mayo de 2016

CRÓNICA TAURINA
NOVILLADA DEL 9 DE MAYO DE 2016
PLAZA DE LAS VENTAS




El pasado lunes, 9 de mayo de 2015, Cabestro de grana y oro asistió a una novillada con picadores en la feria de San Isidro, una tradición a la que somos fieles, y que lo seamos por muchos años. Acudimos a esta convocatoria: Dimas, Víctor, Enrique, el Peli, Nano, el Puñales y Carlos. En esta ocasión nos fuimos al Tendido 7, donde está el ala dura de Las Ventas y, al decir de muchos, los mejores aficionados del orbe. Para Cabestro de grana y oro ver la corrida desde esa atalaya de sabiduría taurina ha sido un hito en nuestra trayectoria, y se recordará por mucho tiempo. En concreto, estuvimos en el Tendido Alto 7, Fila 20.ª.
En la plaza era nuevo en nuestra compañía don Víctor Sánchez Jara, amigo de don Dimas y gran aficionado a los toros. Don Víctor es madrileño de pura cepa, del foro, como él dice con orgullo, y tiene mucha mili, ni más ni menos que diecisiete meses que en su mocedad pasó haciendo el servicio militar, repartidos entre Granada y Valladolid. Hombre de amplia sonrisa, frente despejada y buen humor: tiene las puertas abiertas de Cabestro de grana y oro y de las otras federaciones anejas al Burro Veloz. Aclaremos que también eran nuevos en la Plaza de Las Ventas los tres novilleros: Álvaro Lorenzo, Ginés Marín y Varea. Los novillos eran de la ganadería de El Perralejo, pasaban por poco de los tres años y eran más malos que la carne de pescuezo.
A las siete en punto sonaron los clarines y la banda interpretó España Cañí, mientras los toreros hacían el paseíllo. Nos llamó la atención un traje de subalterno, el de Marcos Ortiz, que era obispo y azabache. El azabache es un negro intenso como el carbón. Pero, ¿el obispo? Es un violeta o morado similar al que usan los obispos en sotanas y solideos. El traje era muy bonito.
Nos llamó también la atención que el torilero vistiera traje de campo, como va Florito cuando saca los cabestros, y no de luces, como es habitual en Las Ventas. Ignoramos el motivo.
El cielo se portó medianamente. Hubo algunos chubascos intermitentes, al comienzo de la corrida, en el tercero y en el sexto. También hubo muchos claros. No nos podemos quejar.
La crónica no será tan extensa como la del año pasado. El maestro Morales trabajaba y estaba ausente. Nos hemos perdido sus sabrosos comentarios y, por lo tanto, mengua el texto. Agruparemos los datos y comentarios de la crónica por novilleros, y “que sea lo que Dios quiera”.
El lote de Álvaro Lorenzo estuvo compuesto por Hostelero (primero de la tarde, negro listón, 443 kg) y Desafío (cuarto de la tarde, negro, 472 kg). En ninguno cortó oreja.
Hostelero es reservón y paradito. No está mal picado. Lo mejor es un quite por gaoneras. Las banderillas correctas, sin emoción. Con la muleta Lorenzo está muy aburrido, y mata de un bajonazo al tercer intento.
Desafío va más largo y tiene más fijeza, pero también se gasta un trote feo, incómodo, y entra de lado y “atornillao”. Buen topetazo en el primer encuentro con el caballo, del que sale suelto. Luego se para, y el quite por chicuelinas malo y deslucido. De las banderillas mejor no hablar: se las clavan en el lomo, literalmente en el lomo. Algo lamentable. Lorenzo sólo tiene buena la tercera tanda de derechazos. Luego arriesga demasiado y, por su propia culpa, Desafío le coge. Se veía venir. No hay consecuencias que lamentar. Mata con una estocada entera, pero caída. El respetable, menos el Tendido 7, pide la oreja. El presidente, con buen criterio, no la concede y Lorenzo da una vuelta al ruedo, que es justamente protestada por el 7. Tengo a mi vera al Peli, y le advierto: «Peli, no se te ocurra sacar un pañuelo blanco salvo que lo saque esta gente del siete, que hoy nos corren a gorrazos. En todo caso, di que todo está mal hecho». El Peli se porta. Nos fumamos en buena compañía unos puros muy ricos y que nos hacen mucho bien. Por el tabaco nadie se queja en el Tendido 7.
El lote de Ginés Marín lo integraban Libertador (segundo de la tarde, negro listón, 471 kg) y Ostrero (quinto de la tarde, castaño, 434 kg).
Libertador tiene fijeza con el capote y es meritoria una media verónica de Marín. Después del segundo puyazo, hay un quite rematado con una buena verónica. Lo mejor es la lidia de los subalternos —pocos capotazos y en el momento oportuno— y el tercer par de banderillas. Un aficionado del 7 protesta mucho y le contesta otro aficionado: «Cuando vienen las figuras no protestas. ¡Cómo se nota que estás untado!». El primero calla. Marín empieza la faena de muleta con ayudados por alto y da dos tandas buenas de derechazos. Y eso es todo. Mata de media tendida, y a otra cosa, mariposa.
Ostrero tiene una cuerna que quita el “sentío”. ¡El picador, nefasto! Las banderillas, aseadas, quizás es bueno el tercer par. El torero no está mal, pero ¡qué aburrimiento! Tornillazos del Ostrero y mucho peligro. Marín lo finiquita con un bajonazo infame.
El lote de Varea lo formaban Manijero (tercero de la tarde, castaño, 455 kg), Discordia (primer sobrero, negro, 460 kg) y Rebueno (sexto de la tarde, negro, 460 kg).
Manijero trota, no galopa. Va bien al caballo, pero el picador le pica en el culo. Dice el Puñales: «Ya blandea y no le ha dado “na”». Se arranca muy bien en el segundo puyazo, pero le pican igual de mal. Y sale y se cae. Pañuelos verdes en el 7. Un buen quite, pero se cae. El presidente decide devolverlo a los corrales. Toca la banda. Los ocho cabestros de Las Ventas se lo llevan fácilmente. ¡Fabuloso Florito y merecida ovación!
Discordia no tiene más fuerza que Manijero, pero galopa bien. Es excelente el toreo a la verónica de Varea, que remata con una media de bella facción. Lo pican bien. Las banderillas, bien. Pero Discordia es un inválido, que se cae una y otra vez. «Mátalo ya, si no hay nada», le aconsejan a voces muchos aficionados. Varea hace caso y se va a por el acero. Ahora los pitos son porque Varea se ve morado para matar a Discordia. Termina con media estocada en buen sitio, y menos mal que atina el puntillero a la primera. Pitos al toro cuando lo arrastran las mulillas. Dice el Puñales con más razón que un santo: «No hay toro, no hay fiesta».
Y llegamos al sexto y último. Varea espera a Rebueno a porta gayola, pero muy lejos del toril. Hoy no entendemos nada de lo que vemos. Rebueno sale andando, parado, y le esquiva. Pienso que es que Varea se ha puesto muy lejos. ¡Toma porta gayola! Rebueno es manso, con mucha querencia a los toriles. El picador se sale de las rayas para picarle, casi se va al centro del ruedo, y hay bronca. Sin embargo, el público aplaude a los banderilleros, especialmente al del tercer par: el banderillero tiene que desmonterarse y saludar en respuesta a la ovación del respetable. Comienza a llover. La faena de muleta es muy meritoria, de mucho valor y mucha torería. El público, a pesar del frío, ¡hace mucho frío y tenemos muchas ganas de mear!, se lo reconoce al torero. Pero Varea alarga la faena y entra a matar tres veces sin determinación. Mal remate para el segundo de su lote. Cuando cae el toro, el puntillero no atina. Lo vemos mientras salimos por la puerta con prisas para ir al mingitorio. Los mingitorios de la plaza están a rebosar y tomamos las de Villadiego en dirección al Rincón de Jaén, con la premura de coger sitio y de hacer aguas menores. El Puñales se despide, mañana tiene que madrugar. ¡Qué joven y qué sabio!
*
En el Rincón de Jaén enmendamos una tarde de toros regularcita. Los toros son así: hay tardes buenas, regulares y malas. Yo calificaría la de hoy de regular. Las hemos visto peores y mejores. Eso sí, siempre nos lo pasamos a lo grande. Pedimos unas botellas de manzanilla, fresquita y rica, que entra como la seda, y unas raciones de pescaítos, jamón y queso. El Rincón de Jaén está a rebosar. Nos dejan un barril-mesa, donde con las manzanillas llegan los cantes. Dimas viene preparado, como un buen mozo de espadas, y saca unas fotocopias que nos son de mucha utilidad para entonar: Enamoraos sin fronteras, María la Portuguesa, Sevillanas del Cornudo, el Himno de la Peña El Banderín, El Burro de las Monjitas, Ese toro enamorao de la Luna, etc. Enrique, y que me perdone, a veces hace un play-back muy sutil, que parece que canta, pero es un tarareo indefinido, no se sabe las letras y tampoco mira los papeles. Nos reímos mucho. Los que salen del Rincón nos felicitan. Terminamos con un sorbete, un mini bombón helado y unos chupitos de pacharán y licor de hierbas. Todo esto dentro de la más estricta formalidad y sin sobrepasar los límites en la ingesta de alcohol.
Nos despedimos de Víctor y bajamos al metro. En el trayecto a Méndez Álvaro, sube un húngaro que toca muy bien el acordeón. Dimas le pide un pasodoble y el señor toca un tango. Hace lo posible por seguir a los cantantes, es un gran músico, pero es difícil la empresa. Se ríe amablemente y se lleva una propinilla que no le viene nada mal.
En tren llegamos a Leganés-Central, felices y contentos.
¡Viva Cabestro de Grana y Oro!

Carlos Cuadrado Gómez
Cronista del la agrupación
Cabestro de grana y oro

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