CRÓNICA TAURINA
NOVILLADA DEL 19 DE
MAYO DE 2014
PLAZA DE LAS VENTAS
La feria de San Isidro de este
2014 recibió la visita de Cabestro de grana y oro el pasado lunes, 19 de
mayo de 2014, en la novillada de El Montecillo.
Los asistentes fuimos: Dimas, Ángel
el Peli, Enrique, Fernando el Enamorao, Pedro Ramos, Nano y Carlos. Cogimos una
buena entrada en el tendido 5, tendido de sol, en la fila 7: un lugar
privilegiado para seguir la corrida, y por un precio módico.
A las siete menos cuarto,
accedimos al coso. Justamente en ese momento las nubes descargaron agua a
cántaros. Nos metimos adentro antes de empaparnos hasta las mutandas, o sea,
hasta los gayumbos. Pero los cielos nos respetaron, y a las siete en punto,
cuando sonaron los clarines y timbales para abrir el paseíllo, cesó la lluvia y
pudimos seguir el festejo secos, y diría que con algo de frío.
La corrida de El Montecillo
estuvo muy bien presentada. Los novillos, por escasos tres o cuatro meses, eran
toros que rozaban los quinientos kilos, si no los sobrepasaban. Tenían trapío y
bravura. El cuarto además tuvo casta. Ninguno fue devuelto a los corrales. Por
este orden salieron al ruedo: Canastero, Habanero, Chaparro, Ilustrado,
Artillero y Cabrero.
Vamos al grano. Lo mejor de la
tarde lo vimos en el cuarto de la tarde (Ilustrado), de la mano de Francisco
José Espada, fuenlabreño de diecinueve años. Espada toreó de verdad, con
derechazos y naturales bajos y sentidos, cargando la suerte como un torero
antiguo. Remató con una buena estocada, lo cual puso en pie al público que, de
modo unánime, sacó los pañuelos blancos demandando al presidente una oreja. El
presidente, menos mal, no se hizo de rogar y concedió el trofeo.
El tercer novillo (Chaparro) no
estuvo mal. El sevillano Lama de Góngora se lució con la muleta, pero no acertó
con los aceros y perdió una posible oreja.
A esas alturas de la tarde,
Ángel el Peli y Carlos disfrutaban de un popular caliqueño que les supo
a gloria, si bien atufaron al personal entre chupada y chupada o, mejor dicho,
entre bocanada y bocanada de humo.
El pacense Posada de Maravillas
pasó por Las Ventas sin pena ni gloria.
En el sexto tampoco nos
aburrimos. Cabrero derribó al picador y al caballo, e hirió al caballo.
Pensamos que lo había matado cuando metió el cuerno entre el peto y la grupa.
Pero no. Los subalternos se llevaron a Cabrero a los terrenos del segundo
picador y, mientras, los monosabios consiguieron quitarle el peto al caballo
abatido, levantarlo y sacarlo de la plaza. El caballo, efectivamente, iba
herido por la zona de la grupa, aunque no parecía muy grave.
La tarde estuvo divertida y
emocionante.
Luego nos fuimos, ¡cómo no!, al Rincón
de Jaén. Cayeron un par de botellas de fino y unos pescaítos “más ricos que
na”.
Llegamos a casa contentos,
serenos y con ganas de volver en la próxima feria de San Isidro. Esto no puede
decaer, forma parte de la salsa de la vida.
Carlos Cuadrado
Gómez
Cronista de la agrupación
Cabestro de grana y oro

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