NOVILLADA EN LAS VENTAS
20 de mayo de 2025
Si el año pasado Cabestro de Grana y Oro vio abierta la Puerta Grande de las Ventas, este año hemos visto una corrida mala-mala, y no por culpa de los novillos de Conde de Mayalde, todos rondando o sobrepasando los 500 kg, sino por los toreros (novilleros de tercera fila), las cuadrillas (peor si cabe) y los apoderados (mudos e impasibles como muertos). No han estado a la altura de las Ventas, catedral del toreo y centro mundial del arte de Cúchares.
Es verdad que los cuatro componentes que hemos ido a las Ventas, el Antonio, el Enrique, el Nano y el Carlos, nos lo hemos pasado en grande. Cuando uno va a los toros, no sabe qué se va a encontrar, puede ser bueno, regular o malo: esa es la gracia de este arte, que nada está escrito de antemano y que todo sucede en directo. El sol ha picado sin piedad durante la primera mitad del festejo, pero hemos estado en la grada del tendido 5, que es el nuestro, más a gusto que "na", sin padecer la solanera y rodeado de aficionados populares, pero con mucha afición.
El riojano Fabio Jiménez lidia el 1.º (Chorlito, castaño listón) y el 4.º (Tempranito, castaño salpicado). Con Chorlito, que es un novillo falto de casta y sosón, Fabio está aseado y poco más. Lo recibe con unas verónicas decorosas, lo pican con corrección, las banderillas pasables y la faena de muleta del montón. Fabio tiene una cogida sin consecuencias y mata a la segunda con una estocada caída. Sin embargo, con Tempranito todo es un desastre. Fabio no consigue ni una verónica. No frenan a Tempranito, que entra al caballo al relance: el picador no atina, rectifica, la puya trasera, pitos, bronca, luego se le cuela el toro, pitada monumental. Según se retira, el público, como un coro de teatro griego, responde al corifeo cuando grita: ¡Picador! Público: ¡Qué malo eres! Banderillean de aquella manera. Una de las banderillas se clava en el hueco donde han picado al toro, como si fuera una espada. Los subalternos intentan sacarla, pero el Fabio tiene prisa y sigue su faena de muleta. Consecuencia, como esa banderilla está matando al toro, el toro se tumba. Fabio no puede entrar a matar, y apuntillan a Tempranito en el suelo. Bronca monumental.
El Meme, que lo parieron en Zaragoza, lidia el 2.º (Entrenador, negro bragado meano) y el 5.º (Chorlito, colorado chorreado). Con Entrenador vemos cosas aceptables. Buen recibimiento con verónicas, chicuelinas y una buena media. El picador, de aquella manera: al primer puyazo el toro entra al relance (¿hoy nadie para a los toros?), le pica trasero; y al segundo Entrenador se viene de lejos, pero le meten un puyazo exagerado, ¿no hay punto medio? Los quites son muy buenos, por manoletinas y medias verónicas. Con la muleta, Meme da buenas tandas con la derecha y al natural, pero el torero se desfonda y al final Entrenador lo desarma, y queda vulgar. Mata con una estocada buenísima, por la que se gana una ovación, más tímida que entusiasta. Con Chorlito no mejora el Meme. Recibe bien, le pican al relance, hay un buen quite por chicuelinas y poco más, y mira que Chorlito es bueno. La lidia es penosa y los banderilleros cumplen y dejan cuatro palos. En la faena de muleta, el Meme nunca llega a cuadrarse. Con lo que se dobla por la cintura y lo que estira el brazo, parece un puente romano, como dice Antonio. Mete el pico de la muleta y da pases y pases y pases, pero sin ninguna profundidad. El toro lo desarma, lo sigue y le coge, pero tiene suerte de que no lo cornee y lo mande para el otro barrio. ¡Ay, Meme, que así no! Un aviso. Buena estocada. Pañuelos, ¿por qué?, ¿estamos tontos? Luego da una vuelta al ruedo, pero la gente le abronca por darla. ¿Por qué no la impides, presidente? La gente con la mano, como guardias urbanos de tráfico, le indican que vaya rápido. Pitada. ¡Fuera!, grita el respetable, que hoy padece de esquizofrenia intermitente. En fin, una charlotada, como dice el maestro Morales.
No esperéis nada del portugués Tomás Bastos, que lidia el 3.º (Carcelero, negro listón) y el 6.º (Segurito, castaño). ¡Porca miseria!, que dicen los italianos. A Carcelero lo recibe con decencia, poco más. Los dos puyazos son al relance y más ejecutados (traseros). La lidia ¡penosa! El director de lidia, un tal Ramón Moya, vestido de verde y azabache, que mejor hubiera hecho quedándose en su casa, sabe menos de toros que nuestro amigo Dimas, que también es Moya (nos acordamos con cariño de él), dicho sea sin ánimo de ofender a nuestro amigo. Sólo espero que no sean ni siquiera primos lejanos. ¡Tremendo! Ponen cuatro palos porque Dios quiere, por los pelos. Y en la faena Tomás da pases de más, cosa que le afea el público: ¡Acaba ya, coño! Carcelero es noble, pero tiene poca fuerza o lo han desgraciado en el caballo. Hay alguna buena tanda por las dos manos y algún trincherazo pasable. Aviso y estocada buena. Menos mal. Con Segurito el miedo es el protagonista. Ya en el recibimiento desarma a Tomás. Lo del picador es indignante: el toro entra siempre al relance y le aplican un castigo exagerado. ¡Lo vas a matar, asesino! Los del 7 corean: ¡Indignante, fuera de Madrid! En las banderillas, con el único que lo hace bien Segurito hace hilo y se salva in extremis en el burladero. ¿Nadie le echa un capote? La cuadrilla está descolocada. ¡Qué peligro, Virgen Santa! Cuando comienza la faena de muleta, grita un espectador: ¡Qué mala suerte has tenido, ganadero! Tiene razón: los toros son buenos, los toreros son más malos que la carne de pescuezo. Tomás está chabacano, dando pases con miedo, sin cruzarse, con peligro, el toro le desarma, la gente pita porque no quiere ver más pases. Tomás entra a matar en la suerte contraria, y clava una casi entera tendida. Segurito se tumba. El público comienza a marcharse. Apuntillan a Segurito, que es aplaudido al llevárselo las mulillas a la vez que se pita a Tomás.
Así han sido las cosas y así las contamos. Toros son toros, y uno no sabe nunca lo que se va a encontrar. Nosotros, a pesar de todo, siempre nos divertimos.
En el Rincón de Jaén no quedaba ni un milímetro de barra cuando llegamos. A grandes males, grandes remedios. Nos metimos en el comedor (es la primera vez) y tomamos dos rondas de bebidas, dos raciones de pescaítos variados (casi nos cuesta acabar con la segunda), y "acabemos" con chupitos y helados de parte de la casa. Para que quede claro: ¡Cenamos con servilletas de tela! Y raja, raja, raja, que, cuando nos dimos cuenta, salimos pitando al metro para no perder el último tren. Como anécdota taurina resaltable, Nano nos contó que en Fuenlabrada, que son como son, un año los mozos pegaron al concejal por echar toros pequeños en el encierro. ¡Os vais a enterar!, parece que dijo o que pensó el concejal vapuleado. Y al año siguiente soltaron unos toracos de 600 kg para arriba. El resultado fue de cuatro o cinco muertos, y a dos, que no sé si también murieron, que lo aclare Nano el próximo día, las cornadas fueron especiales: a un menda le volaron los dos testículos de cuajo y a una señora el pitón le entró por sus partes íntimas (no hace falta ser grosero, bastante tuvieron los pobres). No voy a negar que nos reímos mucho. Brindamos por los presentes y por los ausentes, y nos fuimos de allí "very" contentos, o sea, muy contentos.
Además de nosotros, el tren iba hasta los topes de gente joven que volvía de marcha un martes laborable. En Madrid, si no quieres, no te aburres. Que nos lo digan a nosotros.
¡VIVA CABESTRO DE GRANA Y ORO! ¡Y que no perdamos esta tradición taurina jamás! ¡OLÉ!
Carlos Cuadrado Gómez
Cronista de la Agrupación Cabestro de Grana y Oro

Gracias don Carlos. Tus explicaciones sobre el arte taurino son para mí como la física cuántica. No entiendo nada. Pero están muy bien dichas. Abrazos...
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